¡Saludos, intrépidos corsarios!
Hoy le toca el turno al método Kanban, un valioso tesoro que dicen puede multiplicar nuestra productividad en altamar. En esencia, el Kanban es un sistema de gestión visual que permite comprobar, de un vistazo, cómo están evolucionando nuestras tareas en el tiempo y tenerlas bajo control.

Para poder hablar con propiedad de este sistema de información y poner a prueba sus promesas, decidí dar alojamiento a Kanban en la Suite McAlpFer durante unos días. Verificando, en primera persona, si era eficaz a la hora de organizar mi práctica marinera.
¿Se quedará Kanban en mi barco? Veámoslo. La historia comenzó así…
En mi cámara instalé un tablero con tres columnas. Estas, como en el Cuento de Navidad de Charles Dickens, representan el futuro (To do), el presente (Doing) y el pasado (Done) de nuestras tareas. A través, de estas columnas navegan cada una de las tarjetas con las tareas asignadas, atracando en cada puerto el tiempo necesario hasta llegar a su destino.
En este océano de infinitas misiones que, cómo Capitana McAlpFer, he de llevar a cabo; esta herramienta mostró gran valor en el combate, por su flexibilidad y capacidad para gestionar el flujo de trabajo.
Al enfrentar los vientos y tormentas de la vida académica, profesional y personal; el Kanban me ha mostrado dónde se encuentran los cuellos de botella y la secuencia de movimientos que puede despejarlos. Priorizando mis tareas y permitiéndome adaptarme a los cambios en la ruta de viaje, sin perder de vista el destino final.
Para poner mi Kanban en acción, anoté cada tarea en una tarjeta y las coloqué en la columna «To do». A medida que avanzaba con alguna tarea, movía su tarjeta hacia la columna «Doing». Cuando completaba una tarea, ¡zas! La llevaba a la columna «Done».
¡Qué gran momento cuando una tarjeta arriba a puerto «Done»!.
Pero, grumete, hay más cosas interesantes: cuando surgieron nuevas tareas de otras áreas y me di cuenta de que había que cambiar de rumbo, simplemente agregué otros colores a mis nuevas tarjetas, en función de la materia a la que se referían y fui moviendo las existentes según correspondía. ¡Se trata de ir ajustando las velas a los vientos!
El Kanban también fue genial para visualizar qué es lo más vital. Cada tarjeta puede tener una importancia diferente, puedes decidir qué tarea abordar primero y cuál mantener en el puerto «To do» hasta nueva orden.
Por último, os contaré que compartir el tablero con la tripulación, además de divertido, fomentó la colaboración y el trabajo en equipo. Cada miembro pudo mover las tarjetas y agregar comentarios, esto favoreció el enriquecimiento, la comunicación y la toma de decisiones, fortaleciendo el espíritu corsario, la eficiencia y cohesión de la tripulación.
Si quieres saber si el tablero continuará su viaje en mi barco: «push play» al vídeo!. Allí, además, conocerás algunos secretos íntimos de esta ruta.
¡Que tus tarjetas Kanban fluyan como ríos de oro y tus columnas estén repletas de éxitos! ¡Hasta la próxima marea-tarea!